Explotación laboral en Accenture
No hubo ensayo, ni diversión. Puro tramite.
Paco Trueba 30/01/2008
Los partidos amistosos, los homenajes y las pachangas en general tienen el peligro de la relajación absoluta, un estado de ánimo que tanto pacifica el alma que existe el riesgo de anular el fútbol y convertirlo en pic-nic con balón y espectadores. Parte de eso sucedió ayer, y en parte era lógico. El Salesianos estuvo a tres cuartas partes de altura de su prestigio y entendió que cualquier aparición por ultramar exige, además de los abrazos protocolarios, la victoria implacable. Que nadie piense que es crueldad, es alimentar el mito, justo lo que pasea el club cada vez que hace las maletas.
Aunque debemos felicitarnos. Durante unos minutos, que parecieron horas, todos pensábamos que no habría tal partido. Ni exhibición, ni ensayo. Ni portería a cero. Nada. Sudadera y vuelta a casa.
Quizá el momento de máxima tensión de todo el encuentro fue ese; el vacío. La pena desgarradora. Toda una semana deseando un partido no se merecía tal final. Y tal vez ese Dios de Antonio fue el que hizo aparecer por la puerta del estadio a los jugadores del Accenture.
Veinte minutos tarde. Quizá debamos dejar para otro día el debate sobre el trabajo que ofrecen las consultoras a deportistas como estos. No será por plantilla, ya que el club cuenta con 28 jugadores, entre ellos de varias nacionalidades. Ojo. A lo mejor nos encontramos en la vuelta a un Accenture renacido, pudiendo elegir un gran equipo de entre toda su cantera…
Y sí la tensión fue antes. La emoción no fue un gol de chilena, ni una parada en el último segundo. La alegría simplemente fue el poder disputar el partido. Que a esas alturas no era poco.
Una vez comenzado, poco que contar. El Accenture se plantó en el terreno de juego con cuatro jugadores. Y el Salesianos dispuesto a conseguir la máxima renta de goles posibles.
Dilema. Ante semejante panorama, los futbolistas del Salesianos no supieron bien cómo actuar. Quedó claro en los primeros acercamientos a la portería del Accenture. Si los jugadores buscaban el gol con ansia, podían parecer poco educados, pero si tocaban con exceso, daría la impresión de que se burlaban. En ese dilema socio-político se debatió el Salesianos durante unos minutos: por no disparar, ni se chutaba; por no fusilar, se lanzaba la pelota fuera.
Hasta que Miguel, el universo más complejo, resolvió el problema: ganar. No hay otra. Como siempre, su cabeza se mantenía al margen de las convenciones. Con esa decisión comenzó el festival, asistido con eficacia por Peska y Córdoba. Y así fue marcando hasta tres goles, todos de factura impecable y gesto adusto, para dejar claro que no se diverte simplemente, no había otro remedio.
Córdoba no es tan poético, pero conoce las lecciones imprescindibles. Por ejemplo, estar en el lugar adecuado en el momento preciso. En este partido pareció encontrar su sitio y su moral, jugó con gran sentido, se sumó al ataque en alguna ocasión y defendió correctamente (su gran virtud). Gran jugador que parece que vuelve. El Salesianos, parece recuperarle.
El resto de jugadores mantienen su línea. García Caro anotó otros tres goles, que hoy no hacen más que sumarse a su estadística. Tres que son seis. Y ahora lo explicaremos.
Kike mantuvo ordenada la defensa todo lo que el partido le permitía. No debe ser fácil ser mariscal en una guerra ganada, donde los soldados se descolocan y le dejan en evidencia. Aun así le vimos más activo en ataque que de costumbre (dos por dos goles). Tiene alma de 10, aunque posición de 4. Ya se sabe, el equilibrio es imposible.
Por otra parte, siempre suele ser Peska quien anima al Salesianos a base de imaginación, eso que le sobra y que muchas veces le hace pasar de fantástico a fantasioso. Su irrupción tuvo el poder de quebrar la monotonía y de romper el equilibrio. Ese es su valor.
Pese a todo, lo importante era cumplir el objetivo, y se consiguió. Pablo Alcázar no tuvo mucho trabajo, pero estuvo correcto en cada balón que se le acercó. El cancerbero tuvo su día más apacible, hoy comienza su particular racha de minutos sin recibir un gol, por ahora 50. ¿Le valdrá para estar en el cinco ideal?
Con el partido en juego, el Accenture terminó de derrumbarse. Y encima llegó el descanso para rumiar la desgracia. El Salesianos lo aprovechó para creer en las hadas y los milagros. En la Liga.
En un partido sin historia, el árbitro decidió escribirla. El partido quedó suspendido por mutuo acuerdo en el intermedio. El resultado quedaría doblado, de siete a cero, a catorce a cero. Por eso el valor doble de los goles. Quien no estuviera anoche en Sanchinarro creería que se disputaba la Copa del Rey…
Conclusión. Si cinco futbolistas vulgares juegan al primer toque es fácil que se disimulen todas sus carencias y parezcan buenos. Pero si lo hacen cinco futbolistas con oficio y experiencia es seguro que se multiplicarán sus virtudes. Eso ocurre. La velocidad desarbola contrarios y marca un ritmo vertiginoso que no hay rival que lo resista. Recordemoslo para próximos compromisos.
Después del partido la sensación no es de gran victoria, ni de trámite cumplido. Estos partidos no refuerzan la autoestima, solo la estadística. Vendrán más y mejores. Oportunidades para escribir leyendas. Hoy se ha cumplido lo que se esperaba. Muchos goles, y portería a cero.
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